¿Por qué los perros y los gatos suelen llevarse mal?

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¿Quién no ha escuchado alguna vez la expresión ‘se llevan como perro y gato’ para describir la relación de dos personas que no se pueden ver ni en pintura? La expresión no es vano. Aunque existen casos de gatos y perros que sí se llevan bien, lo más común es que esta pareja siempre esté algo dispareja. ¿Por qué es así? Aquí te lo explicamos.

 

–          Razones genéticas

No se trata de que perros y gatos se odian, sino que sus orígenes influyen en su comportamiento. Tanto perros como gatos son mamíferos carnívoros, lo que significa que comen carne, que cazarán para conseguirla y que existen momentos en los que felinos (familia de los gatos) y cánidos (familia de los perros) pueden alimentarse los unos con los otros. En la naturaleza esto se observa con los lobos cazando gatos salvajes, tigres comiéndose perros callejeros en centros poblados de la selva asiática o zorros persiguiendo gatos techeros en Estados Unidos. Entonces, al ser enemigos en la naturaleza ese rechazo mutuo entre perros y gatos se queda impregnado en su instinto así vivan en una misma casa.

 

–          Ancestros diferenciados

Los perros descienden de los lobos, animales que desde siempre han vivido en manadas y que tienen comportamientos sociales en grupo. Por otro lado, los gatos domésticos descienden del solitario gato salvaje árabe por lo que muchas veces pueden ser considerados más independientes. Con esto en mente es mucho más fácil entender por qué los gatos y los perros se comportan de la forma en que lo hacen en casa.

 

–          Formas distintas de acercarse al mundo

Los gatos son más cautos al momento de enfrentar una nueva situación como el hecho de conocer a alguien. Si aparece una persona u otro animal, lo observarán de lejos, analizarán el contexto y luego decidirán si desean acercarse. Los perros, por el contrario, irán directamente hacia el sujeto para investigar qué está pasando.

 

–           Malinterpretaciones de conducta

Un gato interpretará el rápido acercamiento de un perro como una amenaza y, por instinto, tratará de correr o trepar a un lugar alto. A su vez, el perro, también por instinto, entenderá que el gato que está corriendo lo está invitando a jugar. ¿El resultado? Una persecución digna de caricatura con ninguno de los dos entendiendo el comportamiento del otro.

 

–          No es definitivo

La buena noticia es que los gatos y perros domesticados ceden cada vez más en sus instintos y que sí pueden llevarse bien entre ellos. La clave será cómo la persona maneje desde un principio las presentaciones y encuentros. Antes de verse cara a cara, lo ideal es que puedan olfatearse para familiarizarse; esto puede hacerse dejándolos en cuartos contiguos para que se huelan por debajo de la puerta. El segundo paso es ponerle correa al perro y entrar a la habitación donde está el gato. Si el can se queda tranquilo, premiar su actitud. Si por el contrario se lanza sobre el felino, corregir. De la misma forma, si el gato se mantiene tranquilo, premiar su actitud. De esta forma y poco a poco, perro y gato entenderán que estar juntos en la misma habitación equivale a más snacks y cariñitos. Incluso pueden desarrollar una gran amistad.

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